14-marzo

2015

Viaje fotográfico a Birmania, Lago Inle


Harry Fisch

Nuestra canoa navega a toda velocidad en la oscuridad más absoluta. Son las cuatro y media de la mañana en Birmania, el lago Inle.  El motor rugiendo. De vez en cuando la salpicadura del agua toca mi la cara.  Tapo instintivamente con el cuerpo la bolsa que protege las cámaras.  Nos sigue otra embarcación con tres fotógrafos y Ñiñi-so, nuestro guía.  Llevamos más  de veinte minutos en el canal .  La previsión indica que a las doce de la mañana, dentro de cinco horas y media, estaremos a treinta y dos grados centígrados.

 

Un grupo compuesto por aficionados y fanáticos de la fotografía, amantes de los viajes en ritmo  y pausa contemplativa.  El más joven, Fernando,  de cincuenta y algunos, repetidor -estuvimos juntos en Nepal- y el sénior, Alberto,  setenta y tantos, su mujer Diana y la  pequeña cámara compacta. Todos con un espíritu encomiable.

 

El ronroneo del motor, el viento en la cara.  Esporádicamente un haz de luz, la linterna de nuestro marinero en popa, barre la canoa e intenta  penetrar la negritud.  Gesto testimonial, inútil. La oscuridad devora todo.

 

 

 

Pierre, sentado de  espaldas a mí, abre un paraguas para protegerse del viento y del frío.  Más allá, en la proa, la espalda de Leonardo, acurrucado por el frío. ¡Recuerdo, en este preciso momento, cuando  me amenazó en Nepal con no volver a otro viaje de los míos!   El otro Fernando, en la canoa que sigue a la nuestra, ayer me recordaba los madrugones del viaje a las tribus del sur de Etiopía.

 

Espero que los tres pescadores acudan a la cita entre la desembocadura de los canales y el lago, a las cinco. Vamos a realizar una sesión fotográfica antes del amanecer y amanecerá  a las seis y cinco.

 

El súbito cambio de sonido me devuelve a la realidad. La lancha va reduciendo la velocidad y corta el motor. Es un respiro.   El frío se hace menos intenso. Sin luna, a pesar de que nos hemos acostumbrado a la oscuridad casi hay que adivinar lo que ocurre. Un chapoteo a nuestra izquierda. Unas voces, casi un murmullo.  Es el primero de los pescadores. Se van juntando los otros dos. Acuden  en ramillete a la canoa en la que se encuentran las lámparas de petróleo.  Van encendiendo las lámparas – hemos traído cuatro – y pasándolas a sus canoas.  Ni una palabra, ni un ruido.  Todo con un aire fantasmagórico.  Solo el chapoteo y algún murmullo en un idioma desconocido.  Nos queda otra hora hasta el amanecer.

 

Me preocupa que el petróleo se consuma antes de que llegue el momento perfecto de luz. ¡Menudo fiasco! No quiero ni imaginármelo.

 

Nos hemos repartido seis en dos lanchas.  Teníamos que ser ocho, pero desafortunadamente Maria y Cristine han tenido que anular su viaje dos días antes de partir, por un problema de última hora.   Lástima, desde que compartimos viaje a la India y Nepal , venían soñando con venir a Birmania.

 

Decido alternar las canoas frente a los pescadores para que todos tengan la misma oportunidad fotográfica. La luz es casi inexistente y técnicamente es complicado conseguir las imágenes.  Sin flashes ni reflectores, en la oscuridad.  Las embarcaciones trepidan y los pescadores, auténticos malabaristas, sujetan con una mano las linternas al tiempo que con la otra manejan el remo.  No es poco cuando tienen que permanecer en cuclillas en una embarcación en la que cualquiera de nosotros no se mantendría a flote más de treinta segundos.

 

Sin flashes, la cosa tiene su complicación. Hace falta buen pulso y suerte. Una de las lámparas de petróleo empieza a perder luz, se apaga rompiendo el ritmo estético de pescadores y canoas:  luz, lámpara sin petróleo, luz.

 

 

No favorece la imagen el que las tres no tengan la misma intensidad.   Fernando sugiere que una de las canoas se vaya atrás.  Finalmente decido eliminar al figurante de la lámpara averiada  para seguir con dos canoas.  El cielo , tras las montañas, empieza a verse.  Sin darnos cuenta ha transcurrido la primera hora en completa oscuridad.  El frío se nos ha olvidado con la excitación de la caza.

 

En el horizonte el sol empieza finalmente a aparecer. Nos quedan escasos minutos de luz mágica. Imperceptiblemente,  pasamos del sueño a la realidad. Solos, en silencio, en mitad del lago Inle, Birmania.

 

Los  escasos turistas aparecerán en una hora…

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