9-marzo
2015
Luz natural y fotografía de viaje
Harry Fisch
En un viaje fotográfico te encuentras, en la mayoría de los casos, en un escenario difícilmente controlable: las personas son las que son y las cosas están donde están. La luz es la que hay. Mientras que en un estudio, controlas la variedad, intensidad y origen, en el día a día de un viaje tus opciones se limitan a la posibilidad de escoger, dentro de un margen estrecho, la mejor hora para estar en el lugar y situar personajes y objetos en función del escenario y de la luz existente.
Cuando te encuentras en mitad de una tribu en Etiopia, en un campo de la Toscana o en el Malecón de La Habana, normalmente cuentas con tu cámara y poco más. Habitualmente no dispones de reflectores, ni de grandes flashes. La única ventaja que puedes tener a la hora de realizar una fotografía decente es entender cómo funciona la luz y, más que nada, cómo “ve” la luz tu cámara.
Mientras que los fotógrafos de paisaje suelen repetir varios días consecutivos en la misma localización, este es un lujo que raramente puedes concederte en un viaje fotográfico.
La foto imposible: ¿qué hacer cuando la luz no está donde tiene que estar?
Pues como casi siempre en la vida: escoger una batalla que podamos ganar, ante todo aprendiendo a renunciar, a ver tal y como lo hace la cámara para comprender que hay fotografías absolutamente imposibles: cuanto antes abandonemos la foto imposible, antes estaremos en disposición de hacer aquella foto que sí se puede hacer.
La cámara no ve como lo hacemos nosotros. Queremos captar en la fotografía lo que nuestros ojos, nuestra mente, están viendo. Y parece fácil, hasta que hacemos la fotografía y nos encontramos que no aparece en ella lo que creíamos ver.
“El corazón tiene razones que la mente no entiende…” La cámara tiene limitaciones que nuestro cerebro especialmente, no tiene. Mientras que este se adapta continuamente a las situaciones, la cámara tiene un límite de diafragmas. Con una diferencia de luz mayor, hay que escoger: o bien aceptamos zonas de la fotografía que quedaran oscurecidas, subexpuestas (quemadas) y otras bien expuestas o al contrario: zonas claras con demasiada exposición, sobreexpuestas y las más oscuras adecuadamente expuestas. En la práctica esto significa que lo que vemos perfectamente iluminado (un niño de espaldas al sol por ejemplo) es percibido por la cámara como una inmensa fuente de luz –el fondo iluminado- con un punto oscuro en el centro. En otros casos la cámara ve una cara perfectamente iluminada y tras ella un inmenso chorro de luz blanco.
Tenemos que aprender a ver como la cámara y eso se consigue comprendiendo el funcionamiento de los sistemas de medida, haciendo fotos, observando el resultado y ajustándonos en consecuencia. La técnica actual permite un modo de aprendizaje soñado: fotografiar y comparar inmediatamente el resultado con lo que teníamos en mente. Para ir ajustando. Es exactamente la forma en la que los expertos de la enseñanza recomiendan aprender.
Algo de creatividad.-
Pero volviendo a nuestra situación imposible en el viaje fotográfico, cuando estamos frente a esa foto que sabemos que no es posible realizar, sugiero que le demos una vuelta al asunto considerando si hay alguna otra forma de contar lo que queremos desde una visión diferente. Desde un punto de vista físico distinto, situando los objetos de una forma creativa. Comprendiendo de qué forma estos pueden verse de otra manera con la luz existente.
- Rodea a tu personaje. Muévete a su alrededor y observa cómo cambia la historia en función de tu posición relativa frente a él y lo que le rodea.
- Aprende a ver.- Busca motivos que no veías y que aporten a la situación. Muy a menudo estamos tan obsesionados por lo que queríamos fotografiar que no llegamos a ver lo que hay alrededor.
- Busca el juego de luz/sombra.- Ese rayo de luz que va a destacar al personaje contra el fondo. La pequeña diferencia que marcan las sombras en una cara iluminada.
- Adáptate a las circunstancias.- Muchas fotografías accidentales o erróneas se tornan en grandes oportunidades: El tremendo contraste que crea un halo alrededor del personaje. El fondo quemado que añade una atmósfera de misterio.
La técnica, el arte y el fotómetro.-
Es evidente que la fotografía se hace con el corazón y la mente. La cámara es un mero instrumento. El problema es que sin ella, difícilmente se producen las fotografías.
La luz, junto con el color y la composición, son elementos básicos de la creación fotográfica. Cuando la fuente de luz, su intensidad, su cualidad y calidad son prácticamente incontrolables – como ocurre casi siempre en la fotografía de viaje – el desafío se vuelve formidable. Y ello sin contar con que te encuentras muy a menudo frente un desconocido que quieres fotografiar, en un país remoto, en un entorno poco habitual y que habla un idioma distinto al tuyo.. toda una experiencia fotográfica.
La mejor manera de comprender la luz es observándola. Ser siempre receptivo a la luz y su entorno. Es recomendable fijarse en cómo manejan la luz otros fotógrafos, cineastas y pintores. Estudiar su trabajo. Analizar qué es lo que nos impacta de las imágenes que admiramos. Escudriñar la luz cuando estamos en la calle, ver cómo incide en los lugares y las gentes en el día a día. Un buen fotógrafo es ante todo un observador, alguien que pasa la vida mirando la luz, los colores y la geometría.


