12-marzo

2015

Qué hacer con un paraguas en el desierto del Kutch


Harry Fisch

Me preguntaba un amigo qué es lo que hace ese señor, con un paraguas blanco y brillante, en medio del desierto.

 

Evidentemente, le contesté, hace el indio.

 

Pero no un indio cualquiera.

 

que hacer con un paraguas en el desierto del klutch

 

 

El príncipe Dhanraj Malik, hijo del rey Malek Shri Mahomed Shabbirkhanji  Mahomed  Azizkhanji, es una auténtica personalidad en su región.  Mantiene uno de los  campamentos  al que vamos en los viajes fotográficos de Nomad Expediciones Fotográficas y, además,  un orfanato. Dirime disputas. Junto a el, sosteniendo el paraguas,  un trabajador de las salinas.
Estamos en el desierto  del Kutch, India. Cerca de Pakistán.Dhandrash Malik, «Bapu» o «Excelencia» para el resto de los mortales, es el actual propietario del campamento.  A pesar de que, legalmente, su título está en desuso, en la práctica sigue ejerciendo como príncipe de un «Estado» de 78 km2 y con soberanía sobre 7 pueblos.  Los habitantes de la zona y los  Rabarís (tribus nómadas)  siguen acudiendo a el para que juzgue las disputas en lugar de dirigirse a las autoridades judiciales oficiales.

 

Tuve el privilegio de asistir a una audiencia, bajo la veranda. Sentados, mirando al lago – es propietario de un precioso lago en el escaso pueblo de Zainabad – sorbiendo el chai mientras conversamos pausadamente en inglés. A dos metros escasos , a su izquierda , en cuclillas en el suelo y jugueteando con la tierra, un anciano matrimonio de Rabaris espera en silencio. Llevan más de 45 minutos en el mismo sitio. Seguimos charlando sobre nimiedades.

 

Pregunto, como distraido, al príncipe:

 

– Bapu («Excelencia»), ¿Qué hace esta gente?

– Esperar- dice sin cambiar el gesto, mirando al infinito.

– ¿Y a qué esperan ?- casi en un susurro para no resultar demasiado rudo.

No hay respuesta. Bapu vuelve a sorber mientras dirige la mirada distraida al lago. Pasa una eternidad.

– A hablar conmigo, responde Bapu.- Mientras se repite el silencio y un nuevo sorbo.

– ¿Y esperarán por mucho tiempo?

– El necesario para que me ocupe de su problema. -Pasa nueva y lentamente el tiempo.

El príncipe decide, más por cortesía hacia mí que por deferencia hacia sus súbditos, ocuparse del asunto. Pide cortesmente permiso y comienzan a hablar.

La anciana aparenta unos ochenta años, impecablemente vestida a la manera Rabari y el marido de igual edad , vestido íntegramente de blanco.

Finalmente la audiencia termina a los diez minutos. El matrimonio saluda respetuosamente y parte.

No aguanto  la curiosidad; sonriendo me dirijo al príncipe:

– ¿Cual era el problema?

–  La nuera ha abandonado al marido.

Me quedo estupefacto. En esta zona de la India una mujer no abandona al marido. Un perro sí, una cabra sí. Pero no una mujer…

– ¿Ha dejado al marido? – digo sin poder ocultar mi cara de asombro – ¿así, sin más?

Bapu viendo mi cara ríe sinceramente,

– ¡ No, no ! – con una carcajada – es que se ha fugado con otro hombre..

Ya me quedo más tranquilo. La cosa encaja. Todo vuelve a su sitio.

– ¿Y qué es lo que esperan? – pregunto.

– Quieren que vuelva

– ¿Y..?

–  El nuevo hombre pide 1 lack (100.000 rupias) para devolverla – me contesta muy serio Bapu.

 

Las cosas son así por estos lares.  Unos dos mil euros es lo que cuesta recuperar a tu nuera. Una ingente cantidad. El problema es para la nuera si finalmente pagan el importe… A pesar de mi asombro, aparento la máxima normalidad. Si el príncipe, educado en Inglaterra, no muestra ninguna incomodidad, no voy a ser yo, huésped recién llegado, el que se ponga a enmendar la plana. Dejo para otro momento y lugar  la explicación de estas tremendas peculiaridades culturales.

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