28-febrero
2015
Entrevista Cámara Magazine
Harry Fisch
Creo que has viajado por más de treinta países, siempre buscando los lugares más alejados culturalmente de occidente y más recónditos…
No se trata de coleccionar destinos, hay siempre muchos países en uno solo… A veces en un barrio de una ciudad te encuentras un mundo. El número es la anécdota: un ejecutivo multinacional visita más países en tres años que yo en una vida. Lo que cuenta es cómo los visitas y lo que suponen para ti…
Imagino que es tu espíritu aventurero, inquieto y curioso el que te hace viajar y recoger en forma de imagen ese contacto con estilos de vida tan distintos y al final del camino con en interior de los seres humanos que lo habitan.
No veo nada especialmente aventurero en mis viajes. La curiosidad es un factor. Los destinos se van pareciendo, cambian las culturas pero la esencia de las personas es parecida, y eso es justamente lo que me atrae: las personas. La cámara es la excusa del viaje. Como el golf, para el paseante. Te hace caminar siguiendo una pelota que alcanzas y alejas nuevamente una y otra vez. Curiosamente, los viajes hacen que te reencuentres con personas con las que nunca antes te habías encontrado, nuevas culturas con las que te vas familiarizando para buscar otras. Y así siempre. Un «déja vu» excitante por lo que tiene de imprevisto. Lo cierto es que las diferencias de modo de vida, de filosofías vitales ofrecen una perspectiva enriquecedora que es tu alimento cuando vuelves a casa.
Empezaste a tomar fotos a los quince años y que fué a raíz de unos viajes con la familia por Asia dónde empezaste a descubrir tu pasión por viajar…
Empecé con quince años con la ampliadora y el cuarto oscuro… La cosa duró tiempo y se interrumpió por el tedio y la dificultad del laboratorio, hasta que apareció el digital y allí la cosa se disparó nuevamente. Llevaba siempre la cámara a mis viajes, siempre censurado por los que me rodeaban, siempre aburriendo a los demás. Encontré una forma de compatibilizar la fotografía y los viajes en familia: saliendo solitario antes del amanecer y reuniéndome con el grupo más adelante. Una cosa llevó a la otra, y terminé realizando mis viajes en solitario.
Tus imágenes nos raptan hasta un lugar nuevo, desconocido, lleno de olores, de atmósferas, de sutiles juegos de luz…¿Que quieres capturar cuando tomas una foto? ¿una historia? ¿el fragmento de una vida? o de múltiples vidas?
Contar una historia, trasladar una emoción.. en un entorno confuso. Ordenar lo, aparentemente, anárquico, y hacerlo estéticamente. En una sola imagen.
En la vida «civil» odio las aglomeraciones, las multitudes. La faceta fotográfica te inclina hacia un mundo con el que no estás en contacto habitualmente. A menudo son situaciones de aglomeración y confusión. El relato de un personaje central con otros y con el fotógrafo. Luego la luz. La complicación que aporta una iluminación cuasi nocturna, con diversas fuentes de luz. El reto de captar espontáneamente una historia en la complejidad de un entorno desconocido, unos personajes que no controlas y la luz que está donde está y que tampoco puedes controlar.
¿Te consideras un nómada que se alimenta de visiones intensas emocionalmente?
¡ Hombre, tanto como un nómada!… Me alimento con inmortalizar el instante y, sobre todo del recorrido que me produce una enorme satisfacción. Se hace camino al andar…
Mi interés está a caballo entre lo que se cuenta y cómo se cuenta: el hecho y la estética.
La preparación del momento, la relación personal con personas cuyo idioma no hablo, la incertidumbre del resultado. Dominar la confusión. Remotamente lo que siente el fotógrafo de conflicto, pero no buscando emociones fuertes por sistema.
Utilizas siempre gran angular, ¿te ahoga un objetivo ya de 50mm?
¡ Un 50 mm es para mí un teleobjetivo !… que utilizo de vez en cuando.
Hace años empecé a disciplinarme con ópticas fijas y empecé a jugar con la proximidad de las lentes cortas. Cada fotógrafo se siente cómodo con una determinada distancia focal, las mías son el 18 mm y el 28 mm. «Veo» en gran angular, aunque no se trata de un acto de fe: ¡Si hay que usar un zoom, pues se usa!
Estuviste un instante en la cumbre al ganar el premio mundial National Geographic Photo 2012. La posterior descalificación por la eliminación de un pequeño objeto en la imagen, que según el jurado no le quitaba valor a la magnífica imagen pero «habían de seguir sus reglas», hizo que finalmente no pudieras ganar este premio. ¿Crees que esa bolsa estaba ahí por algo? ¿ha sido esta experiencia una prueba para tu ego? … esa sacudida del destino no la puede aguantar cualquier persona… quizá eres un testigo del mundo.
Mi ego bien, gracias, que «más cornadas da el hambre» (risas). Sin duda hubiera preferido mantener el premio, pero la notoriedad que provocó la polémica fue mucho mayor que la que obtuve, tres meses después, al quedar finalista de los World Sony World Awards. Y respecto a la bolsa, desde luego que estaba allí por algo: por la misma razón que las otras treinta y dos que había en la misma foto, en Benarés la basura (y las bolsas) se mezclan con los santones, los peregrinos, Gaths sagrados, las heces de las cabras y las vacas. ¡Lo que ocurrió es que la bolsa se encontraba justo donde no tenía que estar para el National Geographic! Y eso es lo que no tienen previsto en Benarés…
Imagino que con cada nuevo viaje acabas aprendiendo trucos fotográficos debido a las dificultades que el lugar y la situación te pone delante.
En cuanto a los «trucos», prefiero llamarlo «técnicas», suena más profesional.. (risa)
La naturaleza humana, afortunadamente, hace que los comportamientos sean razonablemente previsibles. La experiencia es una magnífica escuela y algo terminas aprendiendo al pasar en menos de tres meses por la tribu en Etiopía, la piragua en Birmania, para festejar finalmente en India el Holi.
Lo cierto es que cuanta mayor es la experiencia menor el estrés…
¿Tu fotografía más especial e inolvidable?
Lo extraordinario de cada foto es que lleva siempre alguna emoción pegada. Creo que fue una foto de grupo, espontánea, que se realizó en el pequeño pueblo de Zainabad, en India. Era mi segundo viaje y estaba visitando algunas casas para llevar fotos realizadas un año antes. Me invitaron a tomar el té en una humilde casa, casi una chabola. Empezaron a llegar vecinos, familiares, amigos. De pronto se concentró una multitud. y se produjo el milagro. Varias generaciones juntas, una magnífica luz y un grupo absolutamente armónico: ninguna foto posada hubiera podido mejorar la mágica realidad del momento.
¿De que forma ha cambiado tu vida la fotografía de viaje? ¿es algo emocional? ¿espiritual?
La fotografía de viaje es una auténtica pasión. Y, como toda pasión, te consume. Es emocional y espiritual. Lo que ocurre es que la perspectiva del fotógrafo-viajero tiene diferentes matices cuando se va transformando en una profesión. Es necesario compatibilizar el corazón con la cabeza. Cuando viajas mucho fotografiando tienes que decidir si el viaje es lo excepcional o lo es tu vida en casa…
Diriges la agencia de viajes Nomad Expediciones Fotográficas, ¿qué es lo que ofrecéis a las personas que quieren aprender fotografía viajando?
Diseño cada viaje personalmente, a la medida, artesanalmente. Vienen fotógrafos de distintos niveles: desde el que toma alguna foto en vacaciones al profesional. Todo el viaje está diseñado para el placer de la fotografía y de la visión. Respiramos fotografía, desayunamos fotografía. Existe un programa diario y unas propuestas concretas pero los viajeros-fotógrafos disponen de total libertad en su actividad. Son viajes fotográficos «artesanales», excitantes, intensos, exclusivos, para un máximo de 8 personas. Potenciamos las habilidades y capacidades de cada uno creando una experiencia inolvidable. En el último viaje a Birmania, de un total de ocho viajeros, seis eran repetidores….
La pregunta de la que no podemos escaparnos: ¿qué equipo usas?
Uno de los más ligeros, escuetos y atípicos en la profesión: dos cámaras Fuji X, una Xpro-1 y una XE-1, junto con un 12 mm Zeiss, un 18 mm y un 23 mm. Una Go Pro, trípode, filtros, cables…
Creo que si te presentaras de nuevo al National Geographic Photo nos darías una alegría… ¿lo vas a volver a intentar?
No creo. Ganar un concurso como el National Geographic mundial en dos ocasiones es como que te toque el gordo consecutivamente. ¡Ganarlo y pederlo, además, es casi un milagro! (risas). Los concursos están bien para medir fuerzas, obligarte al contraste y –si tienes la suerte de ser seleccionado – crear algo de visibilidad para tu trabajo. En 2013 me concedieron dos Jury Awards en el Grand Prix de la Découverte francés. Seguiremos presentándonos a un par de ellos al año, a ver si toca la flauta.

