27-junio

2015

Los diez errores a evitar en un viaje fotográfico


Harry Fisch

1.- Confundir la cámara fotográfica  con una ametralladora

 

Monje rezando con una vela

 

 

 

En mis viajes fotográficos al menos el 30% de mis acompañantes se ve arrastrado por la compulsión fotográfica. Consiste la  patología en aferrarte como poseso al botón y disparar a todo lo que se mueve con la esperanza de que la estadística logre  lo que la falta de atención no alcanza a realizar.

Es verdad que disparando mucho vamos a tener más posibilidades, pero  insistir en  un error lo único que consigue es multiplicar el desaguisado.

 

El problema de disparar mucho sin la calma y atención necesaria, es que aprendes poco.  Hay ocasiones en las que el modo “ráfaga” (la función en la que la cámara, al presionar el botón de disparo, realiza de forma continuada varios disparos) está indicado, especialmente cuando te encuentras con objetos o personas en movimiento: actividades deportivas, carreras de automóviles, etc.

Pero no hay que olvidarse que la fotografía es una forma de seleccionar un momento de la realidad y, salvo la puramente documental, la idea es conseguir un fotografía con  cierta belleza.

Estamos acostumbrados a ver la realidad en movimiento. Con esto de la fotografía nos encontramos con la dificultad de congelar en una  décima de segundo la  realidad y hacerlo de forma agradable intentando que consiga trasladar una emoción o rememorar un momento. Si además cuenta una historia, “miél sobre hojuelas”.

 

Si quieres aprender o mejorar tus fotografías, lo mejor que puedes hacer es ser consciente de lo que está ocurriendo ante tí, seleccionar “tú” momento. No esperar que la suerte o la estadística supla tu falta de atención.

 

 

 

 

2.- Llevar demasiado equipo

 

 

 

Tres personas con una vel en un rito de santeria en La Habana

 

 

Durante el último Viaje fotográfico a Etiopia , No puedo contar el número de veces que alguien me ha dicho  “No tengo el objetivo adecuado”,  “Claro, lo que pasa es que no he traído el zoom”.  También está el fotógrafo que se siente obligado a hacer un recorrido fotográfico bajo el sol de Benarés en junio, con una enorme mochila de diez kilos de peso, convencido de que su mochila y el material que contiene son la clave para conseguir la fotografía ganadora del National Geographic de este año.

 

Para lograr  una buena, magnífica o extraordinaria fotografía sólo se necesita una cámara y un objetivo. La frase “La fotografía se hace con la mente y el corazón” sigue definiendo perfectamente la distancia entre el aficionado a la técnica y el artista.

 

La fascinación por los equipos y las lentes es comprensible, lo mismo que la pasión por los relojes y los automóviles, pero el mejor equipo o la mayor gama de lentes poco van  a  hacer para convertirte en un gran fotógrafo.

Cuando se discute sobre el grano de la fotografía, o sobre la lente que se habría tenido que utilizar, nos estamos olvidando de lo que realmente tiene importancia: el contenido del imagen y la forma en la que el fotógrafo ha visto “su” realidad. Lo primero y esencial para poder discutir sobre una fotografía es que ésta se haya realizado. Y para que esto suceda tenemos que tener una cámara una lente, no la mejor cámara ni doce  lentes.

Si estás agotado  por  llevar  diez kilos de peso durante todo un  día va ser difícil estar en disposición de hacer la  fotografía de tu vida. La mayoría de los fotógrafos profesionales escogen el material que llevan consigo con antelación  y en función de lo que van a fotografiar y de su destino.

 

 

 

3.- No ver más allá de lo que tienes delante

 

 

 

Fotógrafos durante una salida en barca

 

 

 

Los animales reaccionan por el estímulo, y nuestra condición animal es  la que nos lleva a ser literalmente abducidos por algo que nos llama la atención.

 

Como fotógrafos una de las primeras disciplinas que tenemos que entrenar es la capacidad de discriminar, observar, elegir, analizar antes de tomar la decisión de disparar con la cámara.

 

En un viaje fotográfico y especialmente cuando vamos un destino nuevo, el estímulo es continuo. La sensación de confusión, de colores, de ruidos hace que nuestra atención no consiga centrarse en lo que realmente debería interesarnos una vez calmados. Desgraciadamente la mayoría de las veces comprendemos que esto es así al volver a nuestro país de origen y ver que la mayoría de las fotografías que habíamos realizado no se corresponde con lo que creíamos haber inmortalizado.

 

El preparador psíquico de Fernando Alonso definía al corredor de Fórmula Uno como “Alguien que juega al ajedrez mientras es perseguido por un tigre”. Esta es la  frase que me  repito mentalmente en ocasiones en las que siento que la presión del ambiente o de la nueva localización pueden hacerme perder la necesaria calma y objetividad ante una escena y decidir sobre la mejor manera de inmortalizarla con la cámara.

 

Otro de los consejos que me repito es la necesidad de ver más allá de lo que tengo delante, es sencillo: basta con mirar también a los lados y detrás de mí. En ocasiones lo que está ocurriendo al margen de lo que se nos presenta como más inmediato y evidente es lo que puede representar una magnífica oportunidad fotográfica.

 

 

 

4.- No acercarte suficientemente

 

 

 

Bull Jumping at Ethiopia

 

 

 

Si, ya sé que lo dijo mucho antes que yo el famoso reportero de guerra Robert Capa. Contra lo que creen muchos fotógrafos el zoom no se ha inventado para hacer fotografías a la gente de lejos. La mayoría si no la totalidad de los fotógrafos especialistas en la fotografía de personas en fotografía de calle utilizamos lentes cortas; es decir rangos focales que suelen ir desde el 21 mm hasta el 50 mm.

 

Comprendo que ello conlleva la necesidad de acercarse a la persona y que, por otra parte, somos tímidos, no queremos molestar, tenemos miedo del otro, etc.

 

Del mismo modo que es imposible hacer tortillas sin romper huevos, es complicado hacer fotografías de personas sin acercarse a ellas.

 

Esta es una de las “asignaturas” a la que concedo mayor importancia en los viajes fotográficos que organizo. La manera de acercarse razonablemente a las personas para poder hacer esas fotografías que comunican, que emplazan al observador en

 

un momento y un lugar mágico y se corresponden con el lugar que ocupaba el fotógrafo en el momento de realizar la toma.

 

No es que no comprenda la utilidad de el objetivo “largo” o el zoom  pero  mantengo es que es difícil establecer un contacto visual y una complicidad con alguien que está siendo fotografiado a doscientos cincuenta metros de distancia.

 

 

 

5.- Olvidarte de comunicar

 

 

Esta complicidad de la que hablábamos anteriormente es mayor cuanto mayor es la relación que tienes con la persona a la que estás fotografiando. Y no hablo solamente de hablar con ella. Desgraciadamente se da la circunstancia que, cuando -como yo- estás viajando a lo largo del año a siete países distintos, es complicado hablar  siete idiomaws distintos.

 

Lo que vas desarrollando con tanto viaje y tanta variedad cultural es la comunicación no verbal. Los gestos, la sonrisa, la mirada a los ojos, el truco de magia . Buscar el intermediario que va actuar como tu embajador para esa fotografía.

 

Aprender a decir “gracias” es importante. Pero lo es mucho más tener una actitud amable y franca independientemente de lo que seas capaz de decir en el idioma.

 

Una de mis clientas, extraordinaria fotógrafo de paisajes y animales, me comentaba la dificultad que tenía para hacer fotos a las personas. Es que -me decía- “No me gustan las personas, prefiero los animales”, actitud comprensible, se comparta o no, pero que se lleva mal con eso que llamamos empatía, disposición más que conveniente para relacionarse fotográficamente con las personas.

 

 

6.- No separarte del grupo

 

 

 

cuatro hombre en un bar en Etioipía

 

 

 

Entiendo que para alguien que se dedica profesionalmente a organizar viajes fotográficos es un consejo extraño, pero organizar viajes con ocho o diez personas no significa que éstas tengan que trabajar siempre en grupo o apiñados.

 

La única forma de llegar a una cierta relación de confianza con un desconocido es establecer una relación personal y ésta es ciertamente difícil cuando el sujeto se encuentra enfrentado a seis fotógrafos disparando una cámara contra el.

 

En ocasiones los fotógrafos que vienen conmigo se quejan de la forma en la que posa un desconocido que acaban encontrar en la calle. Lo que suelo hacer en esos casos es pedir a mi compañero-fotógrafo que se quede quieto mirándome y en ese momento empiezo yo apuntarle con la cámara e iniciar una sesión fotográfica. En la mayoría de los casos resulta ser una experiencia incómoda y  desconcertante. Y lo hemos hecho con alguien que nos conoce y con quién tratamos habitualmente.  Ahora sólo nos queda imaginarnos qué es lo que siente un indio, un birmano o un cubano cuando de pronto se acercna ocho personas con cámaras y lo fusilan fotográficamente.

 

En resumen: para poder transmitir algo con una persona del otro lado es conveniente crear un cierto confort y esto es difícil de lograr en una sesión colectiva en la que, literalmente, fusilamos al sujeto con nuestras cámaras.

 

 

7.- Hacer pocas (o muchas)  fotográfias

 

En este aspecto existen varias escuelas. Por un lado los que defendemos que más vale poco bueno que malo y los que piensan, posiblemente con razón, que lo peor que te puede ocurrir es llegar un sitio lejano y volverte a casa, seis  mil kilómetros  después, para encontrarte con que te faltaban fotografías de una u otra cosa.

 

Posiblemente se pueden unir las dos teorías: hacer suficientes fotografías como para asegurarte una variedad y, al tiempo, tener un especial cuidado en una serie de ellas para lograr una selección posterior. Confieso que peco de no realizar suficientes fotografías y, en efecto, a veces me encuentro con que -comparándome con otros fotógrafos que estaban en el mismo escenario- no hecho tantas fotos como debiera.

 

El estilo o la finalidad de la fotografía también marca la actitud que debe tener fotógrafo: no es lo mismo el fotógrafo está haciendo su fotografía de vacaciones, o el fotógrafo “ artista “, que el fotógrafo de viaje a quien le ha sido encomendada una serie o un reportaje y no puede volverse sin haber cubierto un determinado aspecto.

 

 

8.- No analizar suficientemente la luz

 

 

 

Hombre rezando en el Ganjes

 

 

 

Hay fotógrafos de composición, de color, de ritmo, de movimiento. Y hay fotógrafos de luz. Unos pocos consiguen aunar todas las posibilidades fotográficas. Lo que veo constantemente entre fotógrafos, aún experimentados, es que no toman el suficiente tiempo para comprender cuál es la disposición de la luz en la escena y sacrificar, si es necesario, ese disparo inmediato contra otra posibilidad desde otro ángulo o en otro momento.

 

Mi recomendación es clara: antes de disparar reconoce la escena y, sobre todo, analiza la luz. Su origen (de donde proviene), su calidad (es difusa, es dura, es cálida, es fría), el contraste entre sombras y luces, el pronóstico de su situación (hacia donde se va mover y cómo afectará al sujeto que esté iluminado).

 

Vemos cantidad de fotografías planas, en las que el fotógrafo se puso nervioso y no tomó el tiempo necesario para comprender cómo afectará la luz a  la escena.

 

 

9.- No considerar el procesado del imagen

 

 

Reconozco que tengo una especial sensibilidad en este particular apartado. Hace un par de años gané el premio mundial National Geographic en el apartado “lugares” y fuí posteriormente descalificado por eliminar de la escena una de las sesenta y tres bolsas de basuras existentes. Es verdad que esta se veía más  que las otras ( por eso la borré).

 

Los puristas existen en todas las disciplinas, también la fotografía. Son aquellos que mantienen que toda “ manipulación “ de la fotografía es un pecado capital y que la “ buena “ fotografía es aquella que se presenta tal y como salía de la cámara.

 

Desde que la fotografía existe los fotógrafos han hecho algo más que revelar la imagen, han procesado este imagen oscureciéndola, aclarándola, haciéndolo por partes. Añadiendo y quitando. Existe una diferencia entre la interpretación de la realidad y la manipulación de la fotografía para confundir o engañar a quien la contempla.

 

Para el fotógrafo documental la cosa es más complicada ya que lo importante es reflejar en la medida de lo posible lo que está ocurriendo frente a la cámara. El fotógrafo cuyo objetivo es el lograr una representación artística –es mi caso-  tiene una mayor libertad.

 

Sin llegar a darle mayor importancia que la propia fotografía, un inteligente post procesado puede convertir una buena fotografía en una excelente fotográfica, lo que nunca logrará es hacer que una mala fotografía se transforme en una obra de arte.

 

 

10.- Parálisis by análisis

 

En la teoría de finanzas este es un síndrome que se describe a menudo. Consiste en la incapacidad de tomar decisiones debido al freno que supone la etapa previa de análisis que llega a ser tan profunda que no permite la acción.

 

En fotografía como en casi todos los aspectos de la vida, estadísticamente, el mejor hacer que no hacer.

 

Y en fotografía hacer, siendo capaz de analizar lo hecho, es  un aspecto importante del aprendizaje; mucho más teniendo en cuenta que las cámaras actuales nos permiten conocer de forma casi inmediata el resultado de lo hecho.

 

Una cosa es analizar de qué modo quieres realizar la fotografía y otra muy distinta que este análisis o la responsabilidad que para ti pueda suponer el fallo de  perder la fotografía. Hay muchos fotógrafos, especialmente en Street Photography (fotografía de calle) que creen firmemente en la suerte, y no se equivocan. Si realizas suficientes fotografías y tienes criterio a la hora de realizar la selección, sin duda vas a lograr buenos resultados.

 

Curiosamente este último párrafo parece contradecirse con el primero de esta serie de consejos fotográficos ( “No confundas la cámara con una ametralladora”), pero lo cierto es que el arte de la fotografía es, justamente, arte en el sentido en que existe algo mágico, impredecible que hace que se separe de la pura ciencia.


NOTA: Artículo Publicado originalmente por Harry Fisch  en la revista QUESABESDE 

 

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